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kala mai ia u
[lo siento] --Hawaii--

Agonía

Siento la agonía del día que termina; archivo fotogramas que intentan pasar desapercibidos, e intento borrar otros que se empeñan en seguir girando en mi cabeza, como un vinilo estropeado, repitiendo una y otra vez la misma historia. Otra vez la misma historia. Otra vez esos momentos se recrean en mi memoria. Otra vez sonrisa irónica. Otra vez sé que me engaño y es otra vez la misma historia.

Marinero en tierra


Hoy bajé a buscarte al parque

Pero ya no estabas

Y me senté en aquel banco,

Desde donde mirábamos al mar,

Por si pasabas.

Y mientras esperaba sentada,

Mirando al mar,

Llegó un rumor a mis oídos

Cantado por las olas

Mecidas por el viento:

Que al fin conseguiste ese barco

Con el que tanto soñabas.

Tus ojos siempre te delataron;

Eras marinero en tierra,

Y yo, pobre enamorada,

Me quedaré esperando.

Mi rincón

Me gusta sentarme en ese pequeño escalón que tiene la terraza, justo bajo la puerta, con las piernas encogidas, la cabeza sobre las rodillas; me gusta hacerme pequeña y allí, mirar lo que el cielo da de sí entre los edificios; el sol escurrirse entre los ladrillos, lanzando extraños brillos al reflejarse en el metal de las ventanas y los balcones. A veces las palomas pasan frente a mi ventana haciendo quiebros para cruzar el patio, entre la ropa que las vecinas tendieron por la mañana. Me gusta ver la colada de esa vecina que clasifica la ropa por colores. Hoy tocaba lavadora rosa. Y allí el tiempo se vuelve intemporal; da igual hoy que hace un mes, todo sigue igual, porque así lo quiero yo, porque es mi rincón, en el que puedo contemplar lo que yo quiera, a través de mi ventana. Incluso si me lo propongo, puedo verte, pasando por la calle bajo mi ventana, con tu andar pausado, cigarro en mano, pensando en algo lejano que te lleva distraído, por eso no me ves. Pero yo sigo aquí, cerca de mi ventana, por si me llamas.

Pensar...

Pensar en algo. Pensar en alguien. Quedarte con la mirada clavada en el techo. En una foto. En un punto indeterminado de este espacio. Movilizar recuerdos.

Imaginar qué estará pasando allá en otra parte. Jugar a suponer que estás allí, pensando en mí.

Gatito


Y había un gato; era negro, oscuro o pardo,
sorteando charcos en la noche, en las sombras,
bajo los balcones; caminando decidido, escurridizo,
sin mirar atrás, sin dejarse atrapar.

Tengo el pelo y los pies mojados. Mi abrigo negro...
Alguna vez me llamaron gatito; ahora soy la mala suerte.

Me sentaré a tu lado...

Suele pasar que cuando más se necesita, no encuentras las palabras adecuadas, no ves cómo dar luz a un corazón perdido; a todos nos pasa, y no es malo; es que removemos nuestro interior en busca de lo más adecuado, y nada parece adecuado a situaciones terribles.
Me suele pasar que odio la compasión gratuita, supongo que a más les pasa; por eso cuando quiero decir algo que llene un vacío, doy mil vueltas para encontrar las palabras necesarias, para no actuar tal y como yo odio que actúen conmigo. Las palabras a veces duelen más de lo que reconfortan. Por eso deben ser medidas.
A veces lo mejor que se puede hacer por alguien es no decir nada, sentarte a su lado. Estar a su lado. Si no dices nada y estás a su lado, sabrá que cuenta contigo. Complicidad.
A veces no es necesario escuchar nada de los demás, sino que te escuchen.
A veces miro a las estrellas, porque sé que alguna de ellas está brillando para mí, y me escucha. Sé que yo algún día escucharé desde las estrellas, como lo hacen hoy conmigo.

(Para Jezabel; siéntate a su lado...)

esos pequeños pasos que van completando un camino

Este es el sistema de noticias de la web de esos pequeños pasos que van completando un camino.

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